
Passaic, Nueva Jersey. En un ambiente de profundo respeto, familiares, amigos, líderes comunitarios, autoridades y miembros de la diáspora dominicana se dieron cita este lunes en la Funeraria Álvarez, en Passaic, para ofrecer el último adiós a José Ramón Ruiz, uno de los líderes comunitarios más apreciados y respetados por los dominicanos en Nueva Jersey.
Ruiz falleció el pasado 6 de julio en Wayne, Nueva Jersey, a los 77 años de edad. Su partida deja un inmenso vacío entre quienes tuvieron el privilegio de conocerlo, pero también un legado que permanecerá vivo en las instituciones que ayudó a fortalecer y en las miles de personas que encontraron en él una mano amiga.
Más que un dirigente comunitario, José Ramón Ruiz fue un hombre que dedicó su vida al servicio de los demás. Creía que el verdadero liderazgo consistía en abrir puertas, tender puentes y trabajar por el bienestar colectivo sin esperar reconocimiento. Esa filosofía lo convirtió en una figura de referencia para generaciones de dominicanos que encontraron en él orientación, apoyo y esperanza.
Nació el 14 de agosto de 1948 en la comunidad de Las Palomas, Licey al Medio, República Dominicana. Criado bajo sólidos valores familiares y una profunda fe católica, emigró a los Estados Unidos en 1966 con apenas 18 años, llevando consigo los sueños de un joven dispuesto a construir un mejor futuro sin olvidar jamás la tierra que lo vio nacer.
En 1970 contrajo matrimonio con Ana E. Pérez, conocida cariñosamente como “Yuly”, quien fue su compañera de vida durante más de cinco décadas. Juntos formaron una familia ejemplar en Paterson y Prospect Park, donde criaron a sus hijos, Damarys y Randy. Más adelante llegaron sus nietos, Natalie Ruiz y Daniel Yan, quienes llenaron de alegría una de las etapas más felices de su vida.
Su compromiso con la comunidad comenzó muy temprano. En 1977 ingresó al Club Dominicano Ramón Matías Mella, iniciando una trayectoria de servicio que lo llevó a participar activamente en la Cámara de Comercio Hispana de Nueva Jersey, la Federación de Asociaciones Dominicanas (FADO), el Consulado Dominicano y numerosas organizaciones cívicas, culturales y políticas.
Uno de los capítulos más importantes de su legado fue haber sido miembro fundador del Desfile y Festival Dominicano de Nueva Jersey en 1989. Lo que comenzó como un sueño de un grupo de líderes comunitarios se convirtió con los años en una de las celebraciones culturales dominicanas más importantes de los Estados Unidos, fortaleciendo el orgullo, la identidad y las tradiciones de toda una comunidad.
Su vocación de servicio también dejó una huella imborrable en el ámbito consular. Desempeñó funciones como Auxiliar Consular, Asesor del Senado Dominicano en Nueva Jersey y posteriormente como Vicecónsul encargado de los asuntos del estado. Durante esos años trabajó incansablemente para acercar los servicios del gobierno dominicano a miles de compatriotas y fue una de las personas que impulsó la creación de la oficina auxiliar que con el tiempo dio origen al actual Consulado General de la República Dominicana en Nueva Jersey.
Paralelamente desarrolló una exitosa carrera en el sector privado, ocupando posiciones gerenciales en importantes empresas del estado, demostrando que era posible alcanzar el éxito profesional sin abandonar el compromiso con la comunidad.
Sin embargo, quienes compartieron con él coinciden en que su mayor satisfacción nunca estuvo en los cargos que ocupó, sino en el servicio que prestó. Organizó campañas de inscripción de votantes, promovió ayudas para los afectados por desastres naturales tanto en República Dominicana como en Estados Unidos, apoyó programas deportivos para niños y jóvenes, impulsó iniciativas educativas y colaboró en el fortalecimiento de múltiples organizaciones comunitarias.
José Ramón Ruiz siempre encontraba tiempo para escuchar a quien necesitara un consejo. Su oficina, sin importar dónde trabajara, se convirtió en un lugar de encuentro para quienes buscaban orientación o simplemente una palabra de aliento. Su trato amable, su sencillez y su disposición para ayudar dejaron una huella profunda en quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo.
Quienes hoy lloran su partida recuerdan también una frase que lo acompañó durante toda su vida: “Querer es poder”. Más que un lema, era la manera en que enfrentaba cada reto y motivaba a quienes lo rodeaban a nunca rendirse.
La despedida celebrada en Passaic fue mucho más que un velatorio. Fue un homenaje espontáneo a una vida de entrega y compromiso. Entre abrazos, oraciones y recuerdos, decenas de personas compartieron historias que reflejan la dimensión humana de un hombre que dedicó gran parte de su existencia a servir a los demás.
Su legado no se mide únicamente por los cargos que desempeñó, sino por las oportunidades que creó para otros, las instituciones que ayudó a consolidar, los jóvenes que inspiró, las familias que orientó y el orgullo con el que siempre defendió el nombre de la República Dominicana lejos de su tierra natal.
Con su partida, la comunidad dominicana de Nueva Jersey pierde a uno de sus grandes referentes. Sin embargo, su ejemplo continuará presente en cada actividad comunitaria, en cada edición del Desfile Dominicano, en cada institución que ayudó a construir y, sobre todo, en el corazón de quienes aprendieron de él que el verdadero liderazgo se ejerce con humildad, compromiso y vocación de servicio.
José Ramón Ruiz deja un legado que trasciende generaciones. Su vida demuestra que una persona puede transformar una comunidad cuando trabaja con honestidad, dedicación y amor por su gente.
Hoy la comunidad dominicana despide a uno de sus grandes servidores, pero también celebra la vida de un hombre cuya obra permanecerá viva en la memoria colectiva.
Descanse en paz, José Ramón Ruiz. Su ejemplo seguirá iluminando el camino de las presentes y futuras generaciones de dominicanos en Nueva Jersey.
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