Durante la campaña electoral, los políticos son casi santos. Salen a las calles con sonrisas relucientes, abrazan desconocidos como si fueran hermanos de sangre, y prometen un futuro tan brillante que hasta el sol se sonroja. En esos días, son humildes, atentos, serviciales y, sobre todo, humanos. Escuchan los problemas del pueblo con una expresión de profunda preocupación —esa misma …
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