
Santo Domingo, RD. — En un momento que trascendió la formalidad del set televisivo y se convirtió en un reconocimiento público de alto valor institucional, el doctor Julito Hazim destacó la trayectoria, la permanencia y el rol estratégico de Elías Barreras Corporán, director de prensa del Consulado General de la República Dominicana en Nueva York.
La escena ocurrió durante una visita de cortesía al estudio, pero el gesto de Hazim fue más allá de lo protocolar. En vivo, decidió detener la conversación habitual para subrayar la importancia de una figura que, desde la comunicación institucional, ha contribuido de manera sostenida al funcionamiento del consulado y al vínculo con la diáspora dominicana.
Barreras Corporán forma parte del equipo de comunicaciones del Consulado Dominicano en Nueva York, encabezado por el cónsul Jesús Vásquez Martínez (Chú), una información respaldada por referencias institucionales y múltiples coberturas mediáticas. Sin embargo, el énfasis de Hazim no se centró en el cargo, sino en la continuidad del servicio en un entorno históricamente marcado por los cambios políticos.
En ese contexto, el comunicador y médico puso en valor un aspecto poco visible del servicio público: la memoria institucional, que suele descansar en funcionarios técnicos y operativos que garantizan estabilidad, seguimiento y coherencia más allá de los relevos gubernamentales. “Años, permanencia y servicio constante”, fueron los elementos que Hazim destacó como rasgos definitorios de la labor de Barreras Corporán.
Lejos de un elogio superficial, Hazim habló desde la experiencia de quien ha visto pasar gobiernos, estilos de gestión y ciclos políticos. Su reconocimiento se construyó desde la observación directa, situando a Barreras Corporán como un puente entre la institución, los medios de comunicación y la comunidad dominicana en el exterior.

Durante su intervención, Hazim recordó los inicios profesionales de Barreras Corporán vinculados al ámbito mediático, incluyendo referencias a Revista 110, y enmarcó su trayectoria dentro de una biografía atravesada por la comunicación y la política, con una mención a su entorno familiar ligado a la figura de Rafael Corporán de los Santos, uno de los nombres más influyentes de la comunicación dominicana.
El núcleo del reconocimiento quedó sintetizado en una idea clara: Barreras Corporán ha sido, de manera constante, un canal de información y servicio para los dominicanos en Nueva York, manteniendo informados a los medios sobre las actividades del consulado y asistiendo a ciudadanos que buscan soluciones, sin distinción de gobiernos ni coyunturas políticas. Para Hazim, esa continuidad no es fortuita, sino una postura profesional y ética.
El señalamiento cobra especial relevancia en una ciudad como Nueva York, donde la relación con el consulado suele estar marcada por la urgencia. Trámites como pasaportes, actas, legalizaciones o documentos oficiales representan, para muchos dominicanos, la diferencia entre avanzar o quedar detenidos en procesos personales y legales, a menudo después de largos desplazamientos desde otros estados como Connecticut o Nueva Jersey. En ese escenario, la comunicación institucional deja de ser un simple boletín y se convierte en una herramienta de impacto humano.
La autoridad de Hazim al emitir este reconocimiento no es menor. Con más de cuatro décadas en la televisión dominicana, trayectoria celebrada públicamente en 2025 por diversos medios, su voz tiene un peso construido en el tiempo. No se trata de un comentario circunstancial, sino de la valoración de alguien que conoce las dinámicas del poder, sus protagonistas y la importancia de quienes sostienen el engranaje institucional desde posiciones menos visibles.
El retrato final que emerge del comentario es profundamente humano. Hazim describió a Barreras Corporán como un funcionario ajeno al protagonismo, eficiente en la gestión, accesible como canal de comunicación y, en un toque de humor, “rápido para hablar”. Más que un cargo, resaltó una forma de estar en la función pública: resolver, conectar, responder y sostener.
Ese es, en esencia, el reconocimiento. El del servidor que no cambia su trato según el color político del momento; el que entiende que cada llamada representa un problema real; el que transforma una oficina pública en una puerta abierta para la diáspora, y no en una barrera burocrática.
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