DR. RAMON PAGAN Mi Reflexión
rnpagan@verizon.net
Pido tu atención por un instante. Es importante que tomemos tiempo para reflexionar en cómo transcurre nuestra vida, especialmente cuando pensamos en un mejor porvenir.
Fíjate, es inquietante cómo en la actualidad usamos el término liderazgo. Aparentemente se ha vuelto una palabra insustancial, un adorno retórico en vez de una actitud activa de renovación y transformación como debe ser.
Mi impresión es, que el uso superficial del término liderazgo proviene de la banalización de este, motivada por una visión individualista que lo convierte en un cliché, algo inconsecuente. Ahora bien, el liderazgo es una capacidad que poseemos y desarrollamos para influir, guiar y motivar a otras personas o grupos a alcanzar metas.
Ya que tengo tu atención, quiero hablarte de un tipo de liderazgo que promete ser el comienzo de una nueva etapa en nuestro tiempo, el liderazgo facilitador.
El líder facilitador promueve la participación, colaboración y toma de decisiones compartidas dentro de un equipo o una coalición. Aquí el líder escucha activamente y crea condiciones para que otros se integren y aporten a lograr metas establecidas, facilitando el empoderamiento común.
Reflexionemos sobre la situación de la comunidad hispana en Estados Unidos.
Nuestra gente muestra éxito en áreas como el emprendimiento, educación, cultura, entre otros; sin embargo, exhibe históricamente una incesante flojera en la participación y representación político-electoral.
Aún se abre más la brecha racial en la participación electoral, aumenta la desconfianza y el desencanto de la comunidad ante la falta de representación. Que trae como consecuencia la falta de acceso a viviendas, educación de calidad, seguridad y mantenimiento a sus carreteras, entre otros.
Por tanto, es urgente la necesidad de líderes facilitadores que promuevan el apoyo y alianzas entre los que representan el gobierno, incluyendo escuelas, universidades, organizaciones no lucrativas, comerciantes y grupos cívicos, como los culturales, deportivos, religiosos, etc., que se conviertan en catalizadores del cambio, aumentando la participación de los votantes hispanos en cada elección.
Lo cierto es, que el sistema político estadounidense es una democracia representativa y participativa legítima, que requiere de todos sus ciudadanos.
Nosotros los hispanos, si deseamos genuinamente cambiar nuestras condiciones de vida, debemos iniciar promoviendo el liderazgo facilitador para formar alianzas, ganar la confianza del votante y aumentar la participación electoral y, por ende, la representación política. Lo necesitamos.
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